La confesión se produjo casi cuatro meses después de que estallaran las avionetas en el cielo del Mar Caribe: “Yo decía que traten de tumbarlos arriba del territorio, pero ellos entraban en La Habana y se iban”. Es junio, año 1996, y la declaración de 11 minutos y 32 segundos es grabada y luego transferida a un viejo disco compacto. “Claro, con un cohetazo de esos, avión-avión, lo que viene para abajo es una bola de fuego y que va a caer arriba de la ciudad”. Es un hombre quien habla y no sabe para entonces que está revelando el delito que lo va a perseguir hasta el final de su vida: el derribo de las dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. “Bueno, túmbenlos en el mar cuando se aparezcan; y no consulten los que tienen las facultades”. Quien habla es Raúl Castro. El Departamento de Justicia de Estados Unidos pretende procesarlo ahora por el asesinato hace más de tres décadas de las cuatro personas que iban a bordo de las aeronaves.
