La escalada del precio del petróleo y el consecuente encarecimiento de los carburantes ha atrapado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una tesitura de difícil escapatoria. El precio de la gasolina ha escalado en la última semana un 17% y el diésel un 22% hasta alcanzar precios que no se veían desde 2024, en torno a los 3,5 dólares el galón (3,78 litros). La agitación en los mercados energéticos amenaza con propinar otro fenomenal golpe a su política económica, tras el varapalo del Supremo a los aranceles, porque el republicano ha convertido la lucha contra la inflación y la rebaja de los combustibles en una de sus prioridades.
